LO INELUDIBLE
Súbitamente lo absoluto se convierte en una insignificancia que inquieta con temor. Abandoné las obligaciones, disminuí las maletas. El qué dirán de los demás, es efectivamente de los demás, inclusive siendo de mí; no me significa, no me sube, no merece las penas.
Desatiendo las certezas, porque ya no poseo el mecanismo defensivo de estar segura indudablemente de nada. Y no me hace falta. Vivo concorde a lo que siento, percibo y palpo; dejé de juzgar, porque ya el bien y el mal no existe, es más bien cómo elegí durar y ser.
Finalmente, entiendo que todo lo imprescindible es tener paz y sosiego, es existir sin miedo, es hacer lo que alegra el corazón en cada oportunidad, de momento. Y nada más.
Percatándome de lo absoluto, llegué a la satisfacción en furor, la verdadera felicidad, que por cuenta propia, he de enterarme, que me hace muy feliz saber que estoy feliz, con toda la virtud defectuosa de ser alérgica a la monotonía estática que me resulta poner en práctica lo que digo sin dejar de sentir como yo.

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