USTED, YO

Usted y yo tenemos mucho en común.
Trozos de horas y segundos, eso acuñado tiempo.
Trozos de inundada soledad no compartida. En privado. Así, a solas, trozos de espacio.
Trastes de vida y muerte, porque nuestra voz no es tan ágil como para unisonar.
Pero, a veces, sólo a veces y quizá, siempre a veces, éstos trozos se intercambian, ¡se cambian!
Y, usted o yo, alguno, vive con la muerte del otro, la suya o la mía.
O usted o yo muere con la muerte del otro. La mía, la suya.
Es verídico el desentendimiento despistado de no saber quién sea, pero,
Lo que sí resulta evidente, es que nadie es hecho sólo propio.
Hay muchos que son nada más que un montón de errores,
Pecados, desventuras, actos de locura realizados cordura,
Atados a un nombre compuesto que se olvida en caligrafía,
A una imagen que se desconoce ante el espejo.
En definitiva, a un usted o yo, una persona hecha pedazos,
Pedazos totalmente desarmados e incasables.
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